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Lo que quise contarte 1

 Febrero del 2025

Felicidad
Mi sobrino me llama para pedir consejo sobre opciones de empleo, entrevistas de trabajo, procesos de reclutamiento, sobre cómo hablar inglés fluidamente.
Es tímido y malhumorado. Mide 1.85 y quiso ser futbolista.
Lo traumé para toda la vida cuando lo llevé a ver una peli medio de horror a los 8 años.
Pasamos dos tardes espectaculares bailando las canciones de Michael Jackson con él en traje y sombrero blancos.
Me perdí sus juegos de futbol, pero lo he llevado a conocer la ciudad en bicicleta, al jardín botánico, al planetario, a escalar paredes y el cerro del Tepozteco.
Instalamos una tienda de dulces a la puerta de su casa, jugamos tennis y bádminton en su cochera y escondidas por toda su casa.
Me ha confiado a su perro y algunas preocupaciones.
Lo he contratado para pintar mi casa, para ayudador en mis mudanzas y como conductor.
Cierra los ojos cuando sonríe y huele a mandarinas.
Hemos tenido desencuentros, pero cada vez que lo veo me da un vuelco el corazón.
Su hermano, de pequeño divertido y abierto, se ha convertido en un adolescente arrogante y prepotente. Es brillante y astuto, pero insoportable.
Son los hijos de mi hermana.
De mis primos tengo varios sobrinos más.
Tengo una conexión especial con dos de ellos.
Me encantan ser tía, pero nunca quise ser mamá.



Estilo propio

 13 de febrero del 2025


De la "L'élégance du hérisson" (M.B. 2006), a "La elegancia del carajo".
 

17 horas

 6 de febrero de 2025

Conocerte esa noche de sábado fue un pequeño regalo de la vida, una de las experiencias más singulares y perfectas que he vivido en mucho tiempo.

No cambiaría nada de esas 17 horas.
De hecho, no quiero que cambie nada. No quiero ser tu amiga ni tu amante. Quiero que sigamos siendo esos desconocidos que compartieron 17 horas.

Gracias por los besos, la diversión y la aventura.

Let yourself go!

Ahí no está

16 de febrero 2025


No la vio cuando se sentó a observarlo desde la penumbra. Pero aunque la hubiese visto no sabría que lo que hacía era capturarlo en su memoria, guardarse ese único recuerdo de él, sereno, sobre su silla, con la tranquilidad y la claridad que sólo el sexo conceden.

Sus brazos largos, sus besos suaves, su ceja bailarina. Las risas, el deseo, las ganas de sentir. Las heridas que él quiso calmarle con caricias. Las nuevas que le abrió con su intermitencia y frialdad.

No la vio, pero no le hacía falta. Lo hizo por ella y para ella, para recordarlo en ese último espacio, para aprehender ese momento en el que él sintió por última vez su piel desnuda, caliente e impregnada de su olor.

Acomodó ese recuerdo en el espacio más tibio de su corazón, recogió su cuerpecito maltratado y salió de su vida con un beso fugaz.

La tortuga en el hilo rojo

 1. Hilos invisibles "Dice la leyenda que un hilo rojo invisible conecta  a aquellos destinados a encontrarse, sin importar el tiempo, ...