26 de enero de 2025
Me quedé con Miriam y Eduardo en su departamento de Guadalajara hace unos 15 años.
Iba de paso hacia Tenacatita, muy cerca de Careyes.
Es una historia larga, pero el punto es que un lunes se apareció mi jefa en mi cubíulo, en la redaccíón de "El Universal", para recordarme que mis vacaciones (programadas desde diciembre del año anterior) empezaban el siguiente lunes y era obligatorio tomarlas.
Como no tenía idea de qué hacer o a dónde ir, decidí dejarlo a la suerte. Encendí el monitor, abrí un mapa de México, cerré los ojos y llevé el dedo índice a la pantalla.
El punto elegido resultó ser la costa de Jalisco, así que me puse a revisar qué opciones había.
Así llegué a Los Ángeles Locos, un hotel "familiar" en la bahía de Tenacatita.
Leí que estaba cerca de un estero, que tenía más de 1.5 km de playa, masajes y jacuzzi con espectacular vista al mar, paseos a caballo y en ķayak, y el precio incluía todo el alcohol que uno quisiera beber.
Viajé desde Guadalajara toda la noche y al entrar al amanecer me atendió una recepcionista amable, pero sorprendida de que apareciera sola. No sé qué pensaría, pero cuando confirmé que la reservación era solo para mí, se conformó y comenzó a darne las indicaciones básicas. Yo sonreía, emocionada, mientras la joven me informaba hacia dónde estaba el spa, cómo podía hacer una reserva y cosas así... pero de pronto soltó: "pueder estar desnuda en el aérea de alberca, la playa y el jacuzzi, excepto en el restaurante".
¡Había llegado a un hotel nudista!
Pero me acogí a la máxima de: "A la tierra que fueres haz lo que vieres".
Regresé feliz y con un gran bronceado.
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