Ahí no está

16 de febrero 2025


No la vio cuando se sentó a observarlo desde la penumbra. Pero aunque la hubiese visto no sabría que lo que hacía era capturarlo en su memoria, guardarse ese único recuerdo de él, sereno, sobre su silla, con la tranquilidad y la claridad que sólo el sexo conceden.

Sus brazos largos, sus besos suaves, su ceja bailarina. Las risas, el deseo, las ganas de sentir. Las heridas que él quiso calmarle con caricias. Las nuevas que le abrió con su intermitencia y frialdad.

No la vio, pero no le hacía falta. Lo hizo por ella y para ella, para recordarlo en ese último espacio, para aprehender ese momento en el que él sintió por última vez su piel desnuda, caliente e impregnada de su olor.

Acomodó ese recuerdo en el espacio más tibio de su corazón, recogió su cuerpecito maltratado y salió de su vida con un beso fugaz.

Día 8


¿Que gana contándole al mundo? Sacar el dolor.


Duele todo, pero ahora mismo le duele él.

Relee el último mensaje que le envió:
"Sé feliz".

¡Vaya paradoja!

Lo que ella no siente es felicidad.
Siente dolor, ansiedad, tristeza. Él vio y leyó el mensaje. No respondió.

Ella se pregunta porqué.

Ha elaborado mil respuestas a su pregunta, pero aún no elige alguna que le calme el corazón.

"Me quedo frente al mar, descifrándome sola".

Como siempre.




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